El poder de la vulnerabilidad

EL ÚNICO CAMINO

En unos días comienzo mis vacaciones, y en este Inspira solo me gustaría compartir contigo los deberes que me llevo para trabajar durante los próximos meses.

Cada vez soy más consciente de que cuando no atiendo mis necesidades, cuando no soy capaz de generar armonía y coherencia entre lo que realmente quiero y necesito y lo que hago, me desajusto y enfermo. El cuerpo y la experiencia externa representan el “como es afuera”. Solo tenemos que acudir a ellos para ver lo que está sucediendo en nuestro interior.

Por lo menos aparentemente, atender nuestras necesidades y vivir tomándolas como referencia no debería de ser algo complicado. El problema, creo yo, es que nos hemos, o me he enfocado tanto en lo de fuera, en que me quieran, en ser lo que debo de ser, lo que tengo que ser, en atender y cuidar a los otros, que me he olvidado de cuidarme a mí, de que existo y de que tengo necesidades. Pero es que además, darnos lo que necesitamos, muchas veces, implica hacer cambios que fuera no van a gustar. Muchas veces, darnos lo que necesitamos implica comenzar a decir “no”, implica tomar decisiones que dan mucho miedo porque no tienes garantías, porque atender nuestras necesidades es vivir desde la vulnerabilidad, y eso, que es realmente poderoso, también es muy desafiante.

Da miedo, pero es el único camino. Es la única posibilidad de que podamos sentir hogar interno, de que podamos sentir paz y plenitud en nuestro interior. Si no me doy lo que necesito, si no me atrevo a mirar dentro de mí, a responsabilizarme de mí misma y a generar coherencia entre lo de soy y lo que hago, tampoco podré encontrar sentido a esta experiencia, no tendré raíz. No tendré conexión con el Alma.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Dennis Ottink


SENTIR

No he encontrado nada más poderoso ni más sanador que sentir. Sentirlo absolutamente todo y con toda la intensidad posible.

Sentir con el corazón abierto de par de par.

Con el corazón hecho pedazos.

Con el corazón roto. Da igual.

Sentir para que podamos liberarnos de la prisión de la mente y del juicio, para que podamos dejar a un lado cualquier intento de control, para que podamos recuperar la conexión con nosotros mismos. Sentir para dejar de vivir anestesiados. Para decir adiós al miedo de ser quienes realmente somos.

Ser honestos con lo que sentimos es un acto de amor hacia nosotros mismos. No juzgar nuestros sentimientos y atrevernos a transitar por ellos desde el cariño y el respeto es lo único que podemos hacer para encontrar paz y sosiego, para darle sentido a todo aquello que con la mente nunca lo tuvo.

Sentir duele, es incómodo y genera un profundo alivio. Sentir tristeza, miedo, vacío, rencor o lo que sea que esté pasando en el corazón es un acto de valentía, uno de los más grandes, diría yo, y ese acto de sentir sin tapujos es el que nos abre las puertas de la transformación. Es el que nos hace fuertes, nos convierte en rocas. Nos hace humanos y compasivos, poderosos y vulnerables al mismo tiempo.

Cada vez que nos negamos a prohibir nuestros sentimientos, cada vez que mostramos interés por lo que sentimos, cada vez que llevamos nuestra mirada al corazón, con independencia de lo que allí esté ocurriendo, estamos más cerca de saber lo que es el amor.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Alex Green

VULNERABLE

Frágil, humano, accesible, imperfecto. De corazón.

Quizá, nunca has imaginado lo poderoso que es permitirte ser vulnerable porque has identificado vulnerabilidad con debilidad. Quizá, esa sensación de aislamiento y de no pertenencia es consecuencia, precisamente, de no dejarte ser desde ese lugar. Quizá, es momento de verte y de reconocerte como un ser humano completo, imperfecto, con heridas, con necesidades, con vergüenzas, con oscuridad, con carencias, con sentimientos. Eso es la vulnerabilidad. Es ser y vivir desde dentro, siéndolo todo con el corazón abierto.

No creo que podamos vivir plenamente si escapamos de nuestra vulnerabilidad porque ella representa el camino necesario para poder vincularnos con la vida, con el amor, con nuestro corazón y con el de los otros. La vulnerabilidad es el proceso de reconocernos imperfectos, humanos y disponibles para vivir esta experiencia, sin ponerle barreras ni defensas.

El miedo que tenemos a la vulnerabilidad es proporcional al miedo que tenemos de ser lo que somos y de aceptar, sin ningún juicio, todos los rincones de nuestro ser.

Ser vulnerable es ser uno mismo. Es, pese al miedo, atrevernos a vivir sin ocultarnos, abiertos y dispuestos a decirle al mundo: "todo esto es lo que yo soy". Ser vulnerables es exponernos y que nos de igual. Sin duda, es confiar. Es humanizarnos. Es aceptar nuestra fragilidad, nuestros sentimientos, nuestra imperfección, nuestras vergüenzas y nuestros miedos. Es el proceso de hacernos perfectos de corazón. La vulnerabilidad representa la capacidad que tenemos para ser todo lo que somos desde la aceptación; es la energía que nos lleva a conectar con la vida y con el latir del otro. Es la energía que nos permite ser amados y que nos ayuda a abrir los brazos para recibir todo lo bueno de la vida.

Vulnerable es ser sincero, es estar disponible aunque eso nos haga temblar. La vulnerabilidad es el camino para despertar el poder personal porque solo desde el corazón, desde la abertura total y desde la confianza plena en que todo lo que somos es válido, necesario y suficiente, podremos ser fuertes, capaces y poderosos. Porque así podremos transformar nuestra flaqueza en fortaleza y porque nos sentiremos vivos de verdad.

Porque la vulnerabilidad es hermosa, femenina, creativa, reveladora y necesaria. Porque esta experiencia nos invita, cada vez más, a mostrarnos y a vivir desde ese lugar.

Feliz presente, 

Almudena Migueláñez.

Photo by Kevin Gent

Photo by Kevin Gent